Diario

 Momentos.

 

Fui sin que se dé cuenta por detrás a ver si todo estaba bien, es que todavía perdura el miedo a que se quiera escapar quien sabe dónde, afuera la brisa anuncia la tormenta, ella resuelve sus acertijos de librillo de lógica que compramos hoy en la librería junto con un libro que necesitaba leer para ver si podría quedarse un tiempo aquí  a mi lado.

 

La ciudad afuera estalla,  el dólar se pintó de azul, y todo lo que merece mi lucha está aquí en mi interior, afuera el pan hay que salir a buscar, de eso no me quejo, lo disfruto hasta putear pero que más ella esta acá y eso me tranquiliza los huesos.

 

Estaba leyendo en el balcón mientras ella tomaba un baño, decidí alejarme de las letras y acercarme al cuarto de baño, para sentirla mojarse y acariciarse con el jabón, quería sentirla ahora desde la puerta sin que ella lo sepa, luego, pensé que el libro estaba esperándome también, ahora ella está ya despidiendo el aroma de shampoo para rizos que compramos en oferta, y pienso que debo terminar de escribir.

 

Anoche la lluvia lavo la ciudad, espero que el sol pronto muestre su poderoso resplandor y seque las veredas, las calles, los parques, los patios, los techos, la ropa, que sus rayos lleguen a mi habitación peguen en mis guitarras y que la armonía comience en sol mayor.

 

Mucho tiempo ha pasado desde que no escribía, luego de estas líneas terminare de leer algunos versos,  quizás mire alguna película y ya de postre me iré a dormir entre sus brazos cálidos en otra noche de verano.

 

El otoño se está despidiendo lentamente, entre las calles sus últimas hojas son del viento ya, aquí adentro, la tele encendida en silencio muestra boca Vélez  1 a 1, julio partido hace un cigarro y algo más, la cerveza se terminó,  y ella duerme tranquila después de viajar, son las 19 ya,  y tengo ganas de fumar, voy a tener que dejar de escribir y bajar a comprar.

 

 

 

Otoño en el pueblo de mi infancia, donde volví hace dos años y unos meses más, veo ahora los juegos del retoño de nosotros en el fondo del patio de la casa que alquilamos, por la ventana veo además un limonero con sus limones verdes esperando madurar, el fresno que se deshoja sin freno para montar un colchón de hojas secas sobre el pasto del lugar. El parrillero que me muestra imágenes del verano que se va, entre cuerdas y cervezas, e imagino el fuego enero de juntadas madrugadas de canciones sin parar.

 

Me cuesta escribir los días de semana, el trabajo las cosas cotidianas nos sacan la autenticidad.

 

El invierno se está yendo lentamente, la estufa irradia el calor de los leños que se queman en su interior, mientras tanto yo me pierdo imprimiendo letras de canciones que quiero terminar.