Novela

 

Me despierto en el medio de la resaca de la fiesta, anoche las luces, la música, los tragos; ahora a las 7 de la tarde el sol de verano está dejándonos lentamente, la ciudad empieza a despertar como yo, es domingo. Pienso en mi casa, en el pueblo y en los domingos, salir de la casa para buscar con quien compartir las horas porque en casa el olor a dolor no dejaba respirar.

Puedo salir y entrar de un lugar que recuerdo, jugar con el tiempo. Es como viajar si guardas los recuerdos, no solo en tu mente, también en tus textos, tus fotos, canciones, y todo lo que no sea más que perderse en el tiempo.

No sabía que pensar porque toda la noche nos miramos sin parar, nos gustamos tanto que no podía dejar de pensar si fue real.

No existía el celular, sabía su nombre, Daniela, sabía su color de ojos, y sabía algunas cosas más que después voy a enumerar, pero bueno no están fáciles sin stalkear.

 

Extracto de Urania*

Eres simplemente una cámara oscura cuyo diafragma se abre a la negrura de la noche. Tu cámara es un fragmento de lava lanzado al espacio, y ese fragmento de lava es llevado en un círculo alrededor de una estrella cuya potencia es tal que ningún cuerpo en su vecindad puede escapar a su atracción. La estrella misma huye en el vacío a una velocidad incalculable, hacia un destino que no conoceremos jamás, forma parte de un lago de otros soles que conforma la galaxia, que se aleja de los otros lagos, de las otras Vías Lácteas, cada una hacia un punto del espacio a una velocidad incalculable, y cada uno de esos soles, cada una de esas Vías Lácteas están tan lejos que aun si los miráramos durante mil años nos parecerían inmóviles. Imagina todo eso. Mira el cielo. Los lagos de estrellas, los soles, las nebulosas, los cúmulos, las nubes, los racimos de escarcha adheridos a los cometas. Piensa en el cortejo de los astros y de sus satélites, Júpiter, Saturno, Marte, Venus, Mercurio. Piensa que todo lo que acabo de decirte pasa por ese orificio minúsculo de tu pupila, un rayo tan fino como uno de tus cabellos, que entra en la cúpula de tu cráneo, en la casa de tu cuerpo, en el tiempo de tu vida tan breve, de tu tiempo que no dura más que la cigarra que escuchas en el mismo instante, colgada de la rama del algodonero, que adivina el mundo con un solo grito.
Imagina que esta noche es la más larga de tu vida. Déjate arrastrar a otro mundo, adivínalo a la manera de la cigarra, por los poros de tu piel, no solamente con las cámaras oscuras de tus ojos, sino c
on todo tu cuerpo. Respíralo, bébelo. Si crees saber algo, olvídalo. 

 

 

No existe lógica en las estrellas que pueda sostener el abismo de misterios en el cual navegamos y que intente, sin fracasar, argumentar el sentido de cualquier imposible ética o moral de la existencia. (Fito Páez)